Estimadas y estimados compatriotas de la comunidad chilena,
Por intermedio de esta carta, quisiera hacerles llegar mi más cordial saludo. Llegué a Ottawa hace poco más de una semana y presenté mis cartas credenciales como Embajador de Chile en Canadá el pasado 16 de junio, ante la Gobernadora General, Honorable Sra. Michäelle Jean.
Al iniciar mi misión en este país que tanta amistad y solidaridad ha entregado a los chilenos, quisiera compartir con ustedes algunos aspectos de mi vida profesional que me parecen relevantes. Contarles por ejemplo, que luego de estudiar derecho en la Universidad de Chile y formarme en la Academia Diplomática, comencé una larga carrera que me llevó a prestar servicios en Argentina, Brasil, Alemania, Italia y Bélgica, para alcanzar el grado de Embajador cuando el Presidente Ricardo Lagos me nombró como Jefe de Misión en Malasia, donde estuve entre el 2000 y el 2004.
A continuación regrese a Santiago para hacerme cargo de la Dirección América del Sur de la Cancillería. Más tarde, la Presidenta Michelle Bachelet me designó Cónsul General de Chile en La Paz, Bolivia, donde estuve entre los años 2006 y 2009, para asumir seguidamente como Director General de Política Exterior en el Ministerio de Relaciones Exteriores, hasta mi reciente nombramiento como Embajador en Canada por parte del Presidente Sebastián Piñera.
Valoro la experiencia que he adquirido en cada puesto en que me ha correspondido servir a nuestro país. Como en la vida misma, ha habido momentos difíciles y desafiantes, así como otros llenos de armonía y plenitud. Lo importante, en todo caso, es que siempre he procurado representar a Chile con el mejor de mis esfuerzos, para servir sus intereses permanentes, estrechar los lazos entre nuestras naciones y ser un puente de comunicación entre las comunidades de chilenos en el exterior y Chile.
En este año del Bicentenario, cuando todos nos preparábamos para celebrar en grande, la naturaleza nos golpeó con un terremoto de dimensiones increíbles. Con este sismo, que me correspondió experimentar personalmente en una de las regiones más afectadas, se remeció no solamente la tierra, sino que también nuestras conciencias. En efecto, estimo que si algo nos enseñó este terremoto, fue que el espíritu de unidad y solidaridad que se impuso después de la catástrofe debemos preservarlo y cultivarlo todos los días, pues solamente de esa forma nos repondremos anímicamente de la tragedia y podremos poner en pie nuestras casas, escuelas, hospitales y edificios patrimoniales.
Inicio esta misión con entusiasmo y energía, alentado por los excelentes y profundos lazos de amistad que unen a Chile y Canadá. La agenda que tenemos en común es dinámica y variada, por lo que procuraré junto a mi equipo, detectar las mejores oportunidades en los ámbitos de la cultura, la educación, la economía, el medio ambiente y los intercambios políticos entre nuestros gobernantes, así como continuar desarrollando las auspiciosas iniciativas bilaterales en curso en innovación, ciencia y tecnología y tantas otras materias de gran importancia para nuestro país.
Es en este contexto, que los invito a colaborar en proyectos de interés común y a compartir con nosotros sus ideas y experiencias sobre este país que tan bien han aprendido a conocer y a querer. Hago mis votos para que, inspirados en un espíritu de unidad, respeto y amor a Chile, transformemos el Bicentenario en una oportunidad de encuentro y reflexión acerca de lo que hemos alcanzado en 200 años y sobre todo respecto a todo lo que nos queda por trabajar para ir convirtiendo a nuestra patria en un lugar más justo, tolerante, próspero y en definitiva, más feliz.
Cordialmente,
Roberto Ibarra
Embajador de Chile en Canada